Carlos Choin

 El Patio de los Arrayanes es para mí, no solo uno de los espacios que mayor inspiración me ha proporcionado durante los años en que he venido colaborando con el Festival, sino el que más.

 En él se dan la mano el embrujo de los palacios Nazaríes con la pasión por el mundo de la música, haciendo que se despierten todos nuestros sentidos.

La caída de la tarde, va dibujando una completa gama de colores, que acaban siendo dorados conforme se acerca la noche, mientras el arrayán, nos brinda sus aromas al ser acariciado y el sonido de los vencejos junto al rumor del agua, nos trae a la calma, viéndonos atrapados en una atmósfera que nos prepara para el concierto. 

Mi interés por subir a este espacio dentro del Patio de los Arrayanes, El Serrallo, venía desde hace bastante tiempo antes de poder realizar esta imagen en el año 2011. En mi mente estaba una de las fantásticas fotografías en B/N que nos ha legado el fotógrafo Torres Molina, la cual nos muestra un concierto en el Patio de los Arrayanes tomada desde este emplazamiento, en 1954, y que en aquellos años se realizaba con luz diurna. 

Mi primera idea fue realizar una vista lo más completa posible en sentido horizontal del patio, desde este punto elevado; pero tenía algunas dudas sobre si podría realizarse, porque allí se encontraba una celosía. Para estudiarlo mejor, concerté una visita durante una mañana, y descubrí que podía crearse un maravilloso efecto enmarcando un piano de cola, instrumento que me parecía el ideal, a través de la celosía al atardecer, y sirviendo de telón de fondo, la torre de Comarex y el Albaicín. 

Todo ello haría una perfecta simbiosis entre música, Alhambra, Granada…, lo que para mí conforma, identifica y hace único a nuestro Festival.