Granada, un lugar de celebración para la danza
Con cada edición del Festival, Granada se convierte en un punto de encuentro para la danza: la española y la internacional. Este año se cumple sobradamente uno de sus objetivos, el que su público conozca esas formaciones que han contribuido a forjar nuestra danza actual, con la llegada del Cullberg Ballet de Suecia, una prestigiosa agrupación que acaba de cumplir cuatro décadas de existencia.
Del mismo modo que fue una mujer, Martha Graham, la creadora de la danza moderna americana, otras dos mujeres tuvieron en Europa un papel fundamental en la segunda mitad del siglo XX: una, la genial Pina Baush, creaba en Alemania el denominado Teatro-Danza mientras que la sueca Birgit Cullberg (1908-1999) fundaba en Suecia en 1967 el Cullberg Ballet. Una formación cuya personalidad se perfila con la entrada en escena, primero como bailarín y luego como coreógrafo, de su hijo Mats Ek, quien, además, asumirá la dirección artística del Ballet de 1985 a 1993.
En esos veintiséis años se forja la gran personalidad del Cullberg, un lenguaje formalmente libre y socialmente comprometido que, lejos de la abstracción, siempre ha tratado temas esenciales para el ser humano. Un estilo que aparece tanto en sus piezas originales –Soweto o Bernarda– como en las versiones de clásicos como Giselle, La bella durmiente o la fantástica Carmen que Ek coreografiara en 1992 por encargo de «Madrid, Capital Cultural 1992».
Tras la salida de Ek, el Ballet vivió una etapa de transición que terminó en 2003 con la llegada a la dirección artística del bailarín sueco Johan Inger y con una renovación que ha traído una nueva concepción del movimiento y una apertura a los jóvenes coreógrafos internacionales. Así pues, el Cullberg actual, sin sede fija y con veinte bailarines de diez países, llega con tres piezas muy diferentes. La primera de ellas, Aluminium (2005) creada por Mats Ek con la música obsesiva de John Adams, constituye un inteligente análisis de las relaciones de pareja basado en una clave: la «resistencia» como actitud frente a la vida cotidiana. Las otras dos pertenecen al propio Inger: Walking Mad, creada en 2001 para el Nederlands Dans Theater con música de Ravel y Arvo Pärt, y Out of Breath (estreno en España) en la que Inger, con escenografía y vestuario de Mylla Ek, analiza el espíritu competitivo del hombre.
La otra compañía internacional que visitará el Generalife es el Staatsballett Berlin, que estuvo en este mismo escenario en 2006. La compañía, creada en 2004 a partir de la fusión de los tres grandes ballets berlineses (el de la Deutsche Oper, la Staatsoper y la Komische Oper), cuenta hoy con ochenta y ocho bailarines de veintiséis nacionalidades y con un amplio repertorio en el que destacan los títulos más representativos de la danza clásica y neoclásica. Su director artístico desde 2002 es el ucraniano Vladimir Malakhov, aclamado como uno de los bailarines más grandes de su generación y conocido por sus apariciones en el American Ballet Theater (del que es Primer Bailarín desde 1995) y en otras grandes formaciones europeas. Y si en 2006 nos dejó las piezas más emblemáticas del neoclásico Balanchine, este año vuelve con un gran título clásico, revisado coreográficamente por el propio Malakhov y que se presentará por primera vez en España: La bella durmiente. Un inmortal ballet inspirado en la fábula de Perrault que ha hecho las delicias de todos los públicos desde que en 1890 se estrenara en el teatro Mariinski de San Petersburgo, fruto de un encargo de los Teatros Imperiales al compositor P. I. Chaikovski.
En cuanto a las compañías españolas, este año una de las hijas de las que Granada se siente más orgullosa, Eva Yerbabuena, ha decidido celebrar en sus jardines el décimo cumpleaños de su compañía con el estreno de un nuevo espectáculo. Tras unos primeros años bailando en distintas formaciones, la bailaora fundaba, en septiembre de 1998, el Ballet Flamenco Eva Yerbabuena. Eva fue su primer trabajo a partir del cual la joven artista ha emprendido arriesgados proyectos, algunos de ellos en colaboración con creadores de otros géneros, de los que siempre ha salido triunfante su baile, que con ser actual no ha perdido jamás su raíz ni el rancio sabor de sus viejos maestros –Enrique El Canastero, La Mona y Mariquilla entre ellos–, y la música que lo ha acompañado, obra de su marido, el guitarrista y compositor Paco Jarana. 5 Mujeres 5 (2000), La voz del silencio (2002), A cuatro voces (2004), El huso de la memoria (2006) y Santo y seña (2007) completan el currículum de la compañía si bien, a nivel personal, su inquietud la ha llevado a colaborar con artistas de otros géneros dancísticos como las coreógrafas Pina Baush y Carolyn Carlson. Ahora, en plena madurez personal y artística, Eva quiere dar las gracias a cuantos han colaborado con ella en estas diez temporadas. Algunos de ellos tendrán un lugar en el escenario junto a su actual elenco y, seguro, darán lo mejor de sí mismos para que el público goce, pues todos saben que el mejor regalo que puede recibir una compañía de danza es el aplauso sincero de su público.
Y con algunas canas más, pues son veinte los años que ya lleva su compañía girando por el mundo, también Víctor Ullate ha decidido celebrar el cumpleaños de su ballet con un nuevo espectáculo; veinte años desde que este pionero de Zaragoza, para el que el mismo Béjart escribió coreografías como la conocida Gaieté Parisienne, se presentara en el Teatro Arriaga de Bilbao (era abril de 1988) con una compañía de 22 bailarines, la mayoría salida de la cantera de su propia escuela, creada en 1983, y en la que se formaron artistas como Tamara Rojo, Lucía Lacarra o Igor Yebra. En estos veinte años, el Ballet de Víctor Ullate –desde 1996 Ballet de la Comunidad de Madrid– ha creado un estilo propio utilizando tanto el lenguaje de la danza clásica, con piezas como Giselle o la Coppelia que visitara el Generalife en la pasada edición, como el de la danza contemporánea. Títulos como Arrayán Daraxa (1992), Jaleos (1996) o Seguiriya (2000) con música de Luis Delgado, o El Sur (2005), con canciones de Enrique y Estrella Morente, forman parte ya de la historia de una compañía que, renovada hoy con bailarines de numerosas nacionalidades, pone movimiento a la música de un genio universal. Beethoven, espectáculo que verá la luz en febrero en Madrid, está compuesto por tres partes: Claro de luna y Sonata núm. 5, coreografiadas por el granadino Eduardo Lao, director artístico de la compañía desde 2001, y La Pastoral, con coreografía del propio Ullate, sobre la partitura de Beethoven –símbolo de la Naturaleza–, y que dedica a la bailaora Ángela del Moral.
Tras el clamoroso éxito en la edición de 2006, el siempre sorprendente coreógrafo y bailarín indio Astad Deboo vuelve al Festival de Granada con un espectáculo que no deja de sorprender a cuantos tienen la ocasión de verlo. Se trata de Celebration, un montaje donde se funden de forma única y singular la tradición de los míticos maestros de artes marciales de la región de Manipur (al norteste de India), junto al lenguaje personalísimo del creador indio, balance perfecto entre la rica tradición de la danza clásica india y la más expresiva creación contemporánea. El montaje responde a una rica tradición india que recoge la influencia de las artes marciales en la danza, y cuyas raíces se encuentran en los rituales sagrados, la música y danzas populares o en los bailes de máscaras. Desde la más depurada técnica de danza hasta sus raíces más tribales, se ha fundamentado el montaje sobre lo que se conoce como «Thang Ta» (Thang significa espada y Ta, lanza), es decir, una exploración en la tradición y en la modernidad, experimentando transformaciones corporales que culminan en expresiones de las danzas más variadas. Astad Deboo se encuentra actualmente en el momento más álgido de su dilatada trayectoria, atesorando los más altos reconocimientos artísticos y culturales de India y de muchos países asiáticos.
Por último, también habrá un lugar para formaciones más jóvenes, como Dospormedio & Compañía, aunque sus fundadores, Rafael Estévez y Nani Paños tienen ya una considerable trayectoria en el mundo de la danza española, tanto flamenca como clásica y bolera. Ellos nos traen el espectáculo más aplaudido y alabado de la pasada edición de la Bienal de Málaga: Flamenco XXI: ópera, café y puro. Una pieza de una riqueza y un colorido inusuales en la que los más jóvenes miran al pasado, a toda la documentación existente sobre la época dorada de los cafés cantantes, para bailar lo que bailaron artistas como la Malena o La Macarrona, Lamparilla o La Argentina, con la técnica y la modernidad que caracterizan a los bailarines de la compañía, muchos de ellos procedentes del Ballet Nacional de España. Desde el respeto a los grandes artistas del pasado y a los ritmos que interpretaron, Flamenco XXI: ópera, café y puro constituye una actual y jubilosa demostración de flamencología.
Rosalía Gómez
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