Zubin Mehta desde 1964

Zubin Mehta desde 1964

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José Luis Kastiyo

El Festival de 1963 había soportado una crisis que le hizo temblar las canillas. Por eso, el Ministerio que era el principal gestor y patrocinador, al hacer balance anunció como gran novedad que el año siguiente se presentaría a un joven director indio, de la India, de veintitantos años, que venía precedido de gran fama. Nunca había actuado en España, por lo que la expectación ante los ensayos matinales con la Orquesta Nacional en el Palacio de Carlos V, en 1964, “vinieron precedidos de ruidos, gritos, empujones y una constelación de cosas…”, como señalaba la prensa madrileña, sin duda celosa por el acontecimiento. Los primeros gratamente sorprendidos por el carisma y personalidad del joven fueron los músicos de la ONE, que coincidían en que aquel director “era  otra cosa”. Se duplicó la venta de entradas aquel año. Doña Sofía, a la sazón Princesa de España, vino a sus conciertos y repitió cuando Mehta volvió en 1968 y cuando regresó en 2011. Eso se llama fidelidad artística.

ZM-RP 23 junio  con DMNo obstante, se ha prodigado poco en el Festival Zubin Mehta, pero su reputación creció durante décadas hasta ser uno de los primeros nombres del podio en todo el mundo. Y lo sigue siendo. Es uno de los tres directores más influyentes. Eso explica que las localidades para el concierto inaugural se agotaran en pocos minutos porque al prestigio de la batuta hay que añadir el programa: la Novena Sinfonía de Beethoven. Una noche inolvidable con el atractivo director indio, 53 años después de aquel junio de 1964.

Esta brevísima referencia es para anotar un descalabro morrocotudo en el historial de los presuntos buenos aficionados granadinos. Resulta que allá por los primeros ochenta –la fecha no la tengo anotada- el Área de Cultura del Ayuntamiento tuvo el buen tino de contratar a la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino dirigida por el mismísimo Zubin Mehta, de la que ha sido titular desde 1985. Se esperaba un lleno total. La vergüenza fue que apenas si ocupamos cuatro o cinco filas de asientos de la sala en el Auditorio Manuel de Falla. Había más músicos en el escenario que espectadores en las butacas. Algo inexplicable, pero de auténtico sonrojo, oiga. ¡Qué fatiga!

Enviado por José Luís Kastiyo el 23 de Junio de 2017 a las 12:34 pm 

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