Un brindis por Lemper, Piaf y Dietrich

Un brindis por Lemper, Piaf y Dietrich

Notas sueltas

José Luis Kastiyo

Lo de Ute Lemper, el domingo en el Palacio de Carlos V con el aforo a tope, merece comentario especial por la singularidad de esa artista versátil que lo mismo se estila por Edith Piaf que se transforma en una Marlene Dietrich de nuestros días. Canciones que han hecho época en su voz admirable preñada de recuerdos.

Ute Lemper, Carlos V, Festival de Granada

Ute Lemper, en el Carlos V. Foto: Carlos Choin.

De Edith Piaf se distingue Ute Lemper por sus orígenes. El genial “Gorrión de París” nació bajo una farola sin más compañía que su madre, porque a la parturienta no le dio tiempo de llegar a un hospital mientras su padre celebraba aparte, con una cogorza de no te menees, que la niña iba a venir al mundo.  La madre de Edith le aplicaba biberones de vino porque decía que así mataba los microbios que pudieran poner enferma a la chiquilla. En cambio, Ute nació en el cálido hogar de un banquero y una cantante de ópera. Mientras la Lemper se cultivó en escuelas de música, ballet y teatro, a Piaf la sacó adelante su abuela paterna, que regentaba un prostíbulo de lo más modesto en el Paris de los años quince. La profunda admiración de Ute Lemper por Piaf es evidente y el que haya decidido rendir homenaje permanente a la pequeña cantante parisina, prendada de la singularidad de su arte, no es sino motivo de agradecimiento pues recupera su inmensa personalidad y nos la presenta, revivida, a todos cuantos solo podemos escucharla en discos y en algunas grabaciones.

Ute Lemper admira a Edith Piaf, pero ella era admirada desde muy joven por la gran actriz y cantante Marlene Dietrich, la eterna Lili Marlen del glamuroso divismo. La rotunda e inconfundible voz de El Ángel Azul la llamó un día a su hotel de Alemania y estuvieron charlando durante más de dos horas. Eso explica las facturas de teléfono de más de tres mil dólares mensuales que algunos de sus biógrafos dicen que pagaba la mítica actriz. Ute recuerda aún su tristeza, si bien era «una mujer con las ideas muy claras, muy directa y cortante», según confesaba a ABC recientemente.

Dicen que Ute Lemper tiene la buena costumbre de tomarse una copa de vino antes de salir a escena. Es su manera de entrar en situación, de templar los inevitables nervios, de alcanzar el tono propicio que perfecciona su afinación. Cuando se domina el escenario con la firme soltura con que ella lo hace, esa copa de vino puede ser el brindis de bienvenida a la inspiración que le permite alcanzar la calidad y calidez de la voz de aquella niña destetada con tinto y la tesitura aguardentosa de doña Marlene. Por eso levanto mi copa por esas tres respetables damas: ¡À votre santé. Tchin-tchin!

 

Enviado por José Luís Kastiyo el 25 de Junio de 2013 a las 6:51 pm 

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