Kastiyo

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El año que viene: Milenio, Retablo de Falla, Verdi, Wagner, estreno absoluto

Llegamos al final de esta etapa del Festival cuando tenemos la vista puesta en el que ha de seguirle. Es ley de vida. El 61 concluye, ¡viva el 62 Festival! Los críticos han opinado acerca de lo visto y oído y queda al gusto de cada quisque coincidir o no con lo expuesto por cada firma. Uno no debe meterse en berenjenales y mucho menos caer en la torpeza de intentar enmendarle la plana a nadie, que doctores tiene la iglesia. Por lo demás, lo que hay que hacer es esperar a ver por donde discurre el nuevo director, pues Diego Martínez ha tenido la oportunidad de comenzar a conocer el Festival desde dentro cuando ya el programa estaba cerrado. Ese ejercicio le ha valido para testar a su equipo colaborador que, no es por nada y perdón por la manera de señalar, pero es que es muy competente, muy cohesionado, muy sacrificado y muy entrenado en sacar adelante su tarea sin perder la sonrisa ni en los peores momentos. Que los ha habido a lo largo de los años como en las mejores familias, pero nadie los ha detectado nunca desde fuera. Ahora se inicia le era “martineziana” y todo son interrogantes sobre cómo se las va a apañar el hombre de la amigable sonrisa en tiempos económicamente difíciles, en los que se ha ordenado desde arriba que no se debe gastar más de lo que se tiene. Colosal perogrullada que acaban de descubrir los más expertos en la cosa. Así nos va.

Lo que no impide, con todo respeto, un atrevimiento personal en cuanto a lo del año que viene. Me tiro a la piscina y espero que haya agua. A golpe de Internet alcancé una primera noticia concreta: 24 de junio de 2013. Patio de los Arrayanes. Estreno absoluto de una obra de cámara a determinar, del compositor Michael Nyman, quien participará como pianista en su interpretación. Se trata de un encargo del Centro Nacional de Difusión de la Música (ver su página) en coproducción con el Festival de Granada. Tras el estreno granadino, al día siguiente, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, se volverá a interpretar esa obra. Para quien no lo recuerde, Michael Laurence Nyman, (Londres, marzo de 1944) es un pianista, musicólogo, crítico musical y compositor perteneciente al género minimalista. Su popularidad internacional le llegó tras componer en 1993 la banda sonora de la galardonada película de Jane Campion El piano.

El 62 Festival coincide con los fastos del Mileno de Granada y a poca imaginación que se tenga no es temerario deducir que habrá chica con grande en todos los órdenes, entre ellos el que afecta al Festival, cuyo patrocinio parcial ha asumido el Mileno estos últimos años.

Es un hecho sabido que el 25 de junio se cumplirán 90 años del estreno en el Palacio de la Princesa de Polignac, en París, de la representación completa de El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla. Pero es que también se conmemoran los doscientos años del nacimiento de dos personajes clave en la historia de la música: Giuseppe Verdi y Richard Wagner, lo que anima a pensar que alguna referencia importante caerá en el programa. Ignoro si habrá alguna alusión a que también se cumplen 130 años del nacimiento del Festival granadino, si nos atenemos a la lógica de que los históricos conciertos del Corpus Christi en el Palacio de Carlos V se iniciaron en junio de 1883, hasta adoptar en 1952 el actual formato de Festival.

Tras este breve ejercicio de augur (sin AVE que cante, vuele o coma a la que echar mano), vuelvo al 61 Festival. Por decir algo, que no afecta para nada a la actuación de los artistas, sí quiero señalar mi sorpresa por el comportamiento de buena parte del público en el concierto de la Orquesta Ciudad de Granada, al interrumpir con aplausos las pausas entre los movimientos de las obras programadas. Hacía muchos años que esto no sucedía con tanta perseverancia. Es como si hubiese sido una actuación especial, preparada para una mayoría de público inexperto, al que sin duda gustaban aquellas músicas que aplaudía tan fervorosamente a destiempo. Recuerdo que en uno de sus primeros conciertos como espectador, nuestro hijo José Miguel se dio cuenta del percal a las primeras de cambio ante un público correcto en  sus expresiones. Tendría cuatro o cinco años y al término del primer movimiento de una sinfonía nos susurró una pregunta aclaratoria: «Ahora hay que aplaudir o hay que toser?». No es porque yo esté delante, pero el crío ya apuntaba maneras de agudo observador.

Si quieren que les diga la verdad, yo me lo he pasado chachi piruli metido a bloguero. Una experiencia que me ha permito tener contacto con personas a las que también interesan las cosas del Festival granadino. Al margen de alguna expresión juvenil al uso por mi parte, para disimular, me he tomado muy en serio participar en esa relación de acercamiento, en ese maridaje entre los que somos asiduos a los conciertos y espectáculos y el propio Festival. O sea, con otras palabras, para que se me entienda, dicho en román paladino: que no me importaría repetir el año que viene. Nos vemos.

Enviado por Prensa el 9 de Julio de 2012 a las 9:12 am 

Presiento una clausura memorable

Presiento que la clausura del 61 Festival tronará el domingo como acontecimiento memorable. El programa puede colocarse en la relación de aquellos que uno recuerda como algo especial. No hay más que fijarse en las dos obras fundamentales del mismo: la cantata Alexander Nevsky que Prokofiev compuso para la primera película sonora que Sergei Eisenstein filmara en 1938 con el mismo nombre, y la fabulosa orquestación que de los Cuadros de una exposición de Mussorgsky hiciera Maurice Ravel. Son dos obras con historia: la peripecia de caudillo ruso que peleó con los suecos y los teutones, una obra valiente y descriptiva que refrenda la categoría de la cantata para coro y una poderosa voz de mezzo. Y los Cuadros de la exposición, que tanto hemos escuchado en su versión pianística original, engrandecida por ese gran orquestador que era Ravel. Ya quisiera todo pintor tener un amiguete que describiera su obra como hizo Mussorgsky con Viktor Hartmann. Pero que no sea a título póstumo, claro está.

Para quienes gustan de alguna referencia histórica, diré que Alexander Nevsky la escuchamos en el Palacio de Carlos V solo el año 1975, y que la pieza de Mussorgky, en la versión raveliana, se gozó por vez primera en 1974, aunque se ha repetido en contadas ocasiones. El protagonismo interpretativo estará a cargo de la Orquesta del Capitolio de Toulouse y en el podio ese joven ruso, especialista en la música de su país, que es Tugan Sokhiev.

Por eso repito lo que hace años decía aquel simpático vendedor de los cupones de la ONCE: «Algunos van a llegar tardeee».

José Luís Kastiyo

Enviado por José Luís Kastiyo el 3 de Julio de 2012 a las 6:03 pm 

Un fino detalle con Italia

Hay que felicitarse porque la Dirección del Festival intuyese hace muchos meses que la final de la Eurocopa de fútbol iba a protagonizarla el encuentro entre España e Italia. Está claro que solo por eso programó para la Royal Philharmonic Orchestra, en la noche de esa final, dos de las más conocidas obras del boloñés Ottorino Respighi: Fontane di Roma y Pini di Roma. Esa consciente referencia italiana supone un detalle que hay que agradecer. Salvo que la Squadra Azzurra –Dios no lo quiera- nos envíe al quinto pini mientras alza el trofeo del triunfo y a muchos de los asiduos al Palacio de Carlos V nos amargue el resto  del concierto.

Sin embargo, me alegraría infinito que nuestra selección volviera a provocar –con mesura- lo de la noche del 11 de julio de 2010, final de la Copa del Mundo, cuando el estampido de la cohetería proveniente de la ciudad apenas si apagó el grito de ¡¡gol!! de un espectador que tenía un oído en el Adagio de la Quinta Sinfonía de Bruckner, bajo la batuta de Barenboim, y el otro, en el pinganillo que le informaba de la proeza de Andrés Iniesta, en el minuto 116 del encuentro frente a Países Bajos. Habrá que tener paciencia si alguna incontenible expresión de júbilo por la victoria española frente a Italia se alcanza mientras nos solazamos, un poner, con La Valse raveliana o es El sombrero de Tres Picos de nuestro Manuel de Falla quien nos alegra especialmente las campanillas.

Notas sueltas, por Kastiyo

Enviado por José Luís Kastiyo el 28 de Junio de 2012 a las 10:02 am 

Beethoven y Ligeti hermanados

En este mismo mes se han cumplido seis años desde que Gyorgy Ligeti falleciera en Viena. Veintidós de su ausencia personal a nuestro Festival  por motivos de  salud, pese a estar anunciado. Y cuarenta y siete desde que compusiera su Requiem, obra impresionante que no es sino fiel reflejo de las mil y una penalidades que le deparó su existencia. Una obra que contrasta con la grandilocuencia de la Novena Sinfonía de Beethoven, emparejadas ambas en el segundo concierto de la ONE. Son curiosas un par de ocurrencias de estas dos obras unidas en la calurosa noche granadina, aunque firmadas por compositores cuyas biografías distan siglo y medio entre sí.

Por ejemplo, que por su Requiem, a Ligeti le concedieran el Premio Bonn Beethoven en 1967. Y que relevantes fragmentos de esas dos partituras, reconocidas en su integridad por los amantes de la música, hayan tenido una masiva difusión entre todos los públicos, aficionados o no, gracias a las posibilidades técnicas que ofrecen los tiempos actuales: desde el mundo del disco al cinematográfico.

Por eso se comprueba, sin sobresalto, que espectadores no asiduos a los conciertos del Carlos V, tarareen sin disimulo el Himno de la alegría de Miguel Ríos, sorprendidos al escuchar el admirable último movimiento de la Novena beethoveniana; y que, otros, cuchicheen con su vecino de asiento que acababan de descubrir que aquello que interpretaba la ONE era de la “música de fondo” de la película 2001 Odisea en el espacio; que menudo peliculón, por cierto, oyes.

Enviado por José Luís Kastiyo el 24 de Junio de 2012 a las 12:32 pm 

Un novato en el blog

Notas sueltas, por Kastiyo

Hete aquí que se me ha invitado a participar en el blog del Festival de Granada. Y mire usted por donde que dije que sí sin pensarlo y ahora me encuentro ante el compromiso de contar algunas cosillas de lo que viva en esas noches de la fiesta mayor de la música y la danza. Unas noches que hacen de la ciudad granadina algo así como la capital europea de ese mundo mágico que nace y se esfuma en las madrugadas de la Colina de la Alhambra: desde el escenario del Palacio de Carlos V –que presta su robustez a la música sinfónica desde 1883-, al teatro al aire libre del Generalife, sin olvidar, entre otros, el rincón singular del Patio de los Arrayanes.

Me estreno pues como “bloguero” y accedo a un universo que crece sin cesar en su dimensión humana, que incorpora cada día nuevos vecinos y amigos provenientes del ancho mundo. En esta parcela concreta nos unirá a todos el interés por el Festival de Granada, al que he dedicado millares de cuartillas de manera ininterrumpida durante los últimos 54 años. Eso me convierte en uno de los más viejos del lugar que se atreve a vestir el imaginario frac de los grandes acontecimientos para ser uno más en este espacio del blog festivalero. Con un solo deseo, colega: que usted lo pase bien.

Enviado por José Luís Kastiyo el 18 de Junio de 2012 a las 7:16 pm