Recuerdos del Festival de Granada | 65 aniversario | Alejandro V. García

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7Nicolayerva-1991El bigote de Tatiana

Llamamos a la puerta de su habitación del hotel y enseguida nos abrió una mujer con aspecto de campesina, la piel de un blanco luminoso y el pelo gris, más ceniza que plata, recogido escrupulosamente en el moño más perfecto que he visto nunca. “Fíjate en el bigote”, me susurró divertido el fotógrafo. Y era verdad, tenía un bigote ahilado, como el bozo de una adolescente, una sombra ligera como dibujada con un pincel chino. No saludamos como pudimos. Ni ella hablaba español ni nosotros ruso, pero teníamos mucho que preguntar y ella que responder. El don de las lenguas (y una traductora que titubeaba demasiado) vino en nuestra ayuda.

Tatiana Nikolayeva había nacido en Bejitsa, Rusia, en 1924 y aquel verano de 1991 vino al Festival de Granada a interpretar las Variaciones Goldberg  de Bach. No he podido olvidar el contacto con su mano a pesar del mucho tiempo transcurrido: blanda, flexible, cálida. Era una mano que había apretado en los años cuarenta y cincuenta las de Rachmaninov, las de Scriabin y las de Nicolas Medtner. Las manos que habían estrenado en 1950 los 24 Preludios y Fugas de Shostakovich y la mano que sólo aceptó apretar con guantes, por los temores disparatados, derivados de su neurastenia, el pianista canadiense Glenn Gould cuando en 1955 visitó el  Conservatorio de Moscú y ofreció dos conciertos que forman parte ya de la historia del piano. Las manos, en fin, que ahora trataban de explicarnos, con una gestualidad elocuente, más allá de cualquier idioma, el miedo a que la glásnost, la política de transparencia impulsada por la perestroika de Mijail Gorbachov, acabara en un desastre sangriento.

En marzo de aquel año, 1991, es decir solo tres meses antes de nuestra entrevista, se había celebrado el referéndum sobre el futuro de la URRS, que fue boicoteado en siete repúblicas pero triunfó en Rusia. Nikolayeva era cauta pero firme cuando elogiaba el proceso de apertura política en la URRS. Hablaba de su país como un continente extraño, cerrado, apartado del resto del mundo. “¿Usted sabe quien fue Sofronistky? ¿Verdad que no?”, me soltó de improviso. “Dio muchos conciertos durante el cerco de Leningrado. Un genio que apenas grabó discos salvo cuando lo ordenaba Stalin y el partido. Hay muchos como él que no se conocen en Occidente”. Ella misma supuso un descubrimiento gracias a los años de apertura que precedieron a disolución soviética.

Recuerdo que nos reímos muchos hablando de Gould. En 1955 Nikolayeva era profesora del conservatorio moscovita y estuvo en el segundo de los dos recitales que ofreció el canadiense. “Al primero no fue casi nadie, pero el siguiente se llenó y no cabía un alma”. Nikolayeva dejó una huella imborrable en el Festival. A finales de junio dejó Granada con la esperanza en la regeneración democrática de su país. Medio años después, el 26 de diciembre, la URRS se disolvió.

En 1993 una hemorragia cerebral acabó para siempre con la carrera de Nikolayeva durante un concierto en 1993 en San Francisco.

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YouTube: Tatiana Nikolayeva plays Bach Goldberg Variations, BWV 988

Enviado por Prensa el 5 de Abril de 2016 a las 10:06 am 

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