María Dueñas, un nombre para un Festival del futuro

María Dueñas, un nombre para un Festival del futuro

María Dueñas-AyuntamientoNotas sueltas

José Luís Kastiyo

El otro día asistí a un encuentro musical que me dejó huella en los días que marcan el inicio del año real de la cosa estudiantil, de la política, de la cultura; de tantas cosas. También de mi personal regreso a este entrañable blog del Festival, que ya podemos hablar de su 63 edición, que está en marcha. El aludido encuentro musical se formalizó en el breve recital de una jovencísima artista del violín, María Dueñas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, en un acto que patrocinaba la Fundación AguaGranada. Desde entonces, con el debido respeto al histórico Martin Luther King, tengo un sueño: ver y escuchar a María Dueñas como solista de una gran orquesta, en el Palacio de Carlos V, en la programación del Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

Soy consciente de que para que ese sueño se haga realidad ha de pasar un tiempo imprescindible: el preciso para que la infantil promesa se afiance en una firme realidad. Pero es que esta niña, de sólo diez años, posee y domina ya las capacidades que anuncian, sin aparente esfuerzo de su parte, sin perder el encanto de su tímida sonrisa, que su talento musical está al nivel de lo excepcional. Con una técnica y un sentimiento que van más allá de lo que sería plausible en un alumno destacado de fin de carrera, -si damos por válido que la carrera de la música tuviese un final de estudio y formación- ella evidencia unas aptitudes innatas que solo perfeccionarán su propio esfuerzo, su constancia, su ilusión y la dirección y consejos de maestros de alto nivel técnico y experiencia de gran escuela que le descubrirán estilos, épocas y repertorios. Ellos podrán extraer las enormes potencialidades de María Dueñas y modelarán ese caudal de talento puesto de manifiesto hasta ahora en recitales y en su premiada participación en numerosos concursos de interpretación.

Más que una niña prodigio podemos decir que es un prodigio de niña: sencilla, probablemente sorprendida de sí misma, que no debe abandonar los juegos de su edad pero que ha de asumir la responsabilidad de haber sido agraciada con unas dotes excepcionales para la música. Ella es una joya que hay que cuidar con mimo y acierto, con discreción y mesura, evitando exhibicionismos que le podrían resultar lesivos. Por todo eso, repito: tengo un sueño. Ver y escuchar a María Dueñas no solo con la OCG, que lo hará en febrero próximo, sino sobre el escenario anhelado del Palacio de Carlos V. Unos años más adelante ese sueño podrá ser realidad y todos cuantos la ayuden desde ahora se sentirán orgullosos de haber respondido a la llamada de sus asombrosas capacidades.

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