Espectacular y sorpresivo

Espectacular y sorpresivo

0 Kastiyo-BlogNotas sueltas

José Luis Kastiyo

Llevo cincuenta y siete años escribiendo sobre el Festival de manera ininterrumpida. En todo ese tiempo me he limitado, como espectador, a aplaudir o a refunfuñar al término de las actuaciones y en muchísimas ocasiones a escribir directamente acerca de lo que me ha gustado o enojado, que de todo hubo en la viña del Señor. Pero la noche de la despedida de la Orquesta de París, cuando el respetable aplaudía a rabiar, no tuve otra ocurrencia que practicar una original salida a escena. Tan inopinada y sorprendente que algunos espectadores dejaron de aplaudir. A mi alrededor la sorpresa derivó en confusión aunque la mayoría reaccionó con presteza y acierto, para suerte mía. Debo añadir que entre los que no ocultaron su malestar por mi salida a escena sin avisar estaba lo más granado de la organización del Festival, por aquel numerito mío que no figuraba en el programa. No contaban con ello y así se manifestaron sorprendidos Diego, Elena, Teresa, Ismael, Inma. María José…

Alguien llegó a pensar que  “hay gente pa tó, por tal de llamar la atención. Otros lo confundieron con un bis de la estupenda Orquesta de Paris, pero yo mantenía el tipo imperturbable, muy en lo mío, para que luego digan que uno no es profesional a pesar que era la primera vez que tenía este resuello fuera de tono en pleno entusiasmo colectivo. Pero esto es como los espontáneos en las corridas de toros, que no lo avisan ni a la familia y por eso yo no lo dije a Maribel ni al resto de mi familia, que tampoco esperaban mi salida de pata de banco. Como en los toros en el caso de los espontáneos, cuando las asistencias se hicieron cargo del aquí presente resulta que el oxígeno era el cabal y la tensión estaba como en sus mejores tiempos.

Cuando quise explicar que me había inclinado para besar el digno suelo del Palacio de Carlos V, como testimonio de mi amor y admiración de más de medio siglo por tanto disfrute en el Festival, nadie me creyó. Me sacaron de dudas: simple y llanamente, es que tropecé con la pata de la silla al levantarme y me di el leñazo con el bordillo de la fila primera de la platea impar. Entonces entendí que los aplausos no eran por mi singular salida a escena, sino para Josep Pons y sus huestes parisinas.

P.D. (Me encuentro muy bien g. a D.)

Enviado por José Luís Kastiyo el 6 de Julio de 2015 a las 2:30 pm 

Deja un comentario

Usted debe estar conectado para publicar un comentario.