El no hay billetes para la plaza de toros

El no hay billetes para la plaza de toros

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José Luis Kastiyo

Las buenas plazas de toros se corresponden, en general, con ciudades de solera y afición. En la cosa de la buena música, la asistencia de público se concilia con gentes sensibles, de un determinado nivel cultural, de una sensibilidad contrastada. Por eso, cuando se unen una buena plaza de toros y un público agradecido y seguidor de la buena música y se propone hacer un espectáculo de teatro musical sobre el ruedo de esa plaza de toros, pues se produce la marimorena: hay que colgar el cartel de “no hay billetes” en las taquillas. Es más, la organización del Festival ha rebañado las posibilidades de ampliar el espacio para el público y lo encontró, ampliando el aforo en 400 localidades en “tendidos altos”, que se diría en el argot taurino. Todo por no perderse el espectáculo de El amor brujo visto por los talentosos de La Fura dels Baus.

Mismamente como si se hubiese anunciado una corrida de seis toros para José Tomás como único espada. Y para el caso era igual: estaba anunciada La Fura dels Baus y sus apoteósicos triunfos de Granada los últimos años hacen acreedor al grupo catalán de los mayores fervores del público. Eso explica que las seis mil y pico de localidades puestas a la venta se hayan agotado como por ensalmo.

Un viejo amigo mío, que el pobretico no está para correr muy deprisa por urgente que sea la necesidad, me pedía que preguntase en el Festival si habían revisado bien los chiqueros de la plaza pues no hace tanto que fue la feria taurina del Corpus Christi y no sea que haya quedado despistado algún sobrero de los que no se usaron en el trascurso de los festejos. Yo lo he animado mucho en ese sentido y le he dicho que tienden a dejar limpios corrales y chiqueros, y que en estos, que siempre están muy oscuros, suelen mirar bien, incluso utilizando un mechero. Le dije que pese a que mi localidad está en el albero, en el redondel, apenas si me da “yu-yu” por eso. De todas formas le he aconsejado que si, Dios no lo quiera, por mano de pecado apareciese un morlaco en plena representación, que procure disimular y que en todo caso grite muy bajito “no correr, que es peor”. Es para no distraer a la concurrencia a y no se produzcan desafines. Además, Chicote, el marido de Marina Heredia, protagonista de la función, es un excelente matador de toros y pronto estaría al quite. Así que a no preocuparse y a disfrutar.

Enviado por José Luís Kastiyo el 9 de Julio de 2015 a las 4:50 pm 

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