Antonio vuelve a Granada

Antonio vuelve a Granada

Antonio Ruiz Soler1Notas sueltas

José Luis Kastiyo

Granada, el Festival granadino, no podía estar ausente por mucho tiempo de un recuerdo y homenaje a Antonio, el bailarín y bailaor que tantas noches de gloria protagonizó a lo largo de sus primeros treinta años de historia. Hace unos meses que se cumplieron dos décadas del fallecimiento del genial artista y es un feliz acierto que la dirección del Festival haya invitado al Ballet Nacional de España, que dirige Antonio Najarro, para que presente en el Teatro del Generalife su espectáculo de homenaje a Antonio Ruiz Soler, que así se llamaba en “su versión” de coreógrafo el artista al que, como intérprete, solo le bastaba el nombre de pila.

Antonio fue, con Andrés Segovia, pionero en el  entusiasmo cuando a finales de 1951 se decidió crear un festival de música y danza en Granada. Él y su pareja artística Rosario inauguración el primer Festival en la Plaza de los Aljibes en junio de 1952 y su éxito fue de tal alcance que por los organizadores se decidió construir un escenario al aire libre en el Generalife, lo que se hizo de prisa y corriendo. Antonio, ya sin su compañera Rosario, inauguró el nuevo teatro el año siguiente, no sin plantear dos días antes del debut que el escenario era muy pequeño y allí no podía estrenar su espectáculo. El típico meter la peste en un canuto, porque todo resultó de fábula.

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Ya desde aquel año estrenó sobre el escenario del Generalife unas coreografías insuperables que el Ballet Nacional de España recuerda ahora, sesenta y tantos años más tarde de su presentación. Nos volverán a emocionar, entre otras, su “Zapateado” de Pablo Sarasate, “Eritaña” de Albéniz, “El sombrero de tres picos” de Falla; la “Fantasía galaica” de Ernesto Halftter  y nos acercarán el recuerdo de otras coreografías inolvidables, como las “Danzas fantásticas” de Turina; las “Sonatas” del padre Soler,  sin olvidar su electrizante “Martinete”, con su taconeo a los sones del golpear de la fragua. El entusiasmo levantaba entonces al público de sus asientos. Antonio, como bailarín y bailaor tenía en su menuda figura una personalidad impresionante, que se crecía sobre el escenario y durante décadas fue el artista de su especialidad que más brilló en teatros de todo el mundo. Como creador, dejó para la posteridad unas coreografías que le hacen eterno en su arte, pues perduran en el tiempo como podremos comprobar el viernes día 30. De esta forma lo recordaremos como el artista que fue y como el genio que llenó noches imborrables en el Generalife. El viernes, Antonio vuelve a Granada.

 

Enviado por José Luís Kastiyo el 29 de Junio de 2017 a las 12:40 pm 

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